Cuando los cables de alarma comparten cañería con la energía

En más de una instalación uno se encuentra con la tentación de usar la cañería eléctrica existente para pasar también los cables del sistema de alarma. A simple vista parece una solución práctica: la canalización ya está hecha, el recorrido está definido y el trabajo se simplifica. Sin embargo, cuando hacemos eso estamos invitando a un viejo conocido de la física a participar de la instalación: Faraday.

En una vivienda o en un comercio no solo circula energía de 220 o 110 voltios por los conductores de potencia. También circulan perturbaciones. Arranques de motores, contactores, compresores de aire acondicionado, máquinas eléctricas e incluso fenómenos atmosféricos como tormentas eléctricas generan transitorios y ruido eléctrico que viajan por esos cables. Cuando en la misma canalización colocamos los conductores de señal de la alarma —zonas, sensores o buses de comunicación— aparece el acoplamiento inductivo.

Acoplamiento inductivo entre conductores de potencia y señal dentro de una misma canalización.

Dicho en términos simples, estamos construyendo sin querer un pequeño transformador. Los cables de potencia se comportan como una especie de bobina primaria cargada de perturbaciones, y los conductores de alarma pasan a ser una bobina secundaria improvisada. El “entrehierro” de ese transformador no deseado es apenas la aislación de los cables y la proximidad física dentro de la misma cañería. Pero esa pequeña distancia suele ser suficiente para que aparezcan tensiones inducidas.

En la práctica, lo que termina apareciendo en los circuitos sensibles del sistema de alarma es ruido eléctrico. A veces se manifiesta como inestabilidad en las zonas, otras como disparos esporádicos o comportamientos extraños que parecen no tener explicación. El sistema puede funcionar perfectamente durante semanas o meses hasta que, en determinado momento, comienzan los problemas. Y entonces empieza la búsqueda: se revisan sensores, se reemplazan equipos, se sospecha del panel cuando en realidad el origen del problema estaba desde el principio en la forma de canalizar el cableado.

No es una situación rara. Muchos técnicos de campo se han encontrado alguna vez con instalaciones donde los cables de alarma viajan mezclados con líneas de iluminación o tomacorrientes dentro de la misma tubería. En algunas ocasiones el sistema parece tolerarlo sin consecuencias visibles, pero en otras basta con que aparezca una carga inductiva fuerte o un transitorio importante para que el ruido se acople a los circuitos de señal.

Por eso, cuando se diseña una instalación de seguridad electrónica, conviene recordar una regla bastante simple: los cables de señal y los cables de potencia no deberían compartir la misma canalización. Mantenerlos separados evita problemas que después pueden ser difíciles de diagnosticar. En campo muchas fallas aparentemente misteriosas terminan teniendo un origen mucho más simple de lo que parecía: el recorrido del cableado.

Al final, como ocurre tantas veces en instalaciones técnicas, la diferencia no está en reparar el problema cuando aparece, sino en anticiparlo desde el diseño.

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