El cableado de alarma escondido en los zócalos

cableado de alarma oculto en zócalo de madera afectado por humedad del piso

Anecdotario técnico de campo

En algunas instalaciones de alarma aparece una práctica que al principio parece ingeniosa y práctica. En lugar de hacer canalizaciones nuevas, algunos técnicos aprovechan los zócalos de madera que se colocan al pie de las paredes para ocultar los cables del sistema. El zócalo funciona como una especie de “cable canal” ya existente, discreto y fácil de utilizar.

Mientras la instalación es nueva, todo parece funcionar perfectamente. El cable queda oculto, la estética se conserva y el trabajo queda terminado rápidamente.

El problema suele aparecer con el paso del tiempo.

En una vivienda donde me tocó intervenir ocurrió una situación bastante particular. El sistema podía funcionar durante horas, días o incluso semanas sin presentar ningún problema. Hasta que, de pronto, la alarma entraba en un estado completamente inexplicable.

La sirena comenzaba a sonar sin motivo aparente. No se trataba de una zona disparada ni de un tamper. Al mismo tiempo el teclado dejaba de responder y el ingreso del código no producía ningún efecto. En ese momento el escenario dentro de la casa se volvía bastante caótico: la sirena sonando, los niños llorando, las mascotas aullando y nadie logrando detener el sistema.

La única forma de terminar con esa especie de “histeria electrónica” era cortar completamente la alimentación del panel, desconectando tanto la batería como la energía de red.

Durante un tiempo el principal sospechoso fue el panel. Era la explicación más inmediata. Sin embargo, después de revisar el equipo y descartar fallas evidentes, comenzamos a mirar con más atención el cableado de la instalación.

Fue entonces cuando apareció el verdadero origen del problema.

El cable que conectaba el panel con el teclado recorría varios metros oculto dentro de los zócalos de madera. Con el paso de los años, la humedad proveniente del piso y de las paredes había penetrado en esa canalización improvisada. La aislación del cable comenzó a deteriorarse y en distintos puntos se había formado una mezcla de sulfato y humedad que terminaba uniendo conductores que originalmente debían estar separados.

En ese mismo cable viajaban tanto la alimentación AUX como las señales de comunicación con el teclado.

El resultado era un comportamiento errático del sistema. En determinados momentos las líneas de alimentación y de datos quedaban parcialmente acopladas por esa masa de sulfato. El teclado dejaba de comunicarse correctamente con el panel y el sistema reaccionaba de formas difíciles de prever.

Cuando el usuario intentaba ingresar el código, el teclado simplemente no podía transmitirlo correctamente al panel.

La sirena seguía sonando.

No es fácil determinar exactamente qué evento interno terminaba activando la sirena en ese caso. Probablemente se tratara de alguna condición de fallo interpretada por la programación del sistema. Pero el origen real no estaba en el panel ni en el teclado.

Estaba en algo mucho más simple: la forma en que se había canalizado el cableado años atrás.

Ese caso dejó una enseñanza bastante clara. Los zócalos de madera pueden parecer una solución estética para ocultar cables, pero con el tiempo terminan funcionando como pequeñas trampas de humedad.

Y cuando el cableado de un sistema de alarma comienza a deteriorarse en esas condiciones, el comportamiento del sistema puede volverse tan ilógico como difícil de diagnosticar.

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