
En muchas instalaciones de seguridad aparece una práctica bastante común: utilizar cable UTP, originalmente diseñado para redes de datos, para transportar alimentación eléctrica hacia distintos dispositivos del sistema. Esto puede incluir sensores, teclados, cerraduras eléctricas, cámaras o incluso sirenas. A primera vista la idea parece razonable. Después de todo, el conductor de un cable UTP tiene un diámetro similar al de muchos cables utilizados tradicionalmente en instalaciones de baja tensión. Sin embargo, cuando se analiza el problema con más detalle aparecen varios aspectos técnicos que conviene tener en cuenta.
El cable UTP fue diseñado específicamente para la transmisión de señales de datos a alta frecuencia. Su construcción está optimizada para garantizar características eléctricas muy particulares: impedancia controlada, baja diafonía entre pares y estabilidad en la transmisión diferencial. Para lograrlo, cada par de conductores está trenzado con un paso cuidadosamente definido. Ese trenzado permite cancelar interferencias electromagnéticas y mantener las propiedades de transmisión a lo largo del cable. El objetivo principal de este diseño no es transportar potencia eléctrica, sino preservar la integridad de la señal.
Cuando se utiliza este tipo de cable para alimentar dispositivos, comienzan a intervenir factores que no siempre se consideran en el momento de la instalación. Uno de los más importantes es la caída de tensión en el conductor. Aunque el diámetro de un conductor típico de cable UTP (alrededor de 0,50 mm en un cable CAT5e o unos 0,57 mm en un CAT6) pueda parecer suficiente para transportar corrientes moderadas, la resistencia del cable sigue siendo significativa cuando las distancias comienzan a crecer.
Para tener una idea aproximada, un conductor de cobre de 24 AWG, típico de un cable CAT5e, tiene una resistencia cercana a 85 ohmios por kilómetro. En una instalación real siempre debe considerarse el recorrido completo de ida y vuelta, por lo que una distancia física de 40 metros implica aproximadamente 80 metros de conductor eléctrico. En esas condiciones la resistencia total del circuito puede rondar los 6 o 7 ohmios. Si el dispositivo alimentado consume 300 mA, algo bastante habitual en una cerradura eléctrica o en algunos equipos electrónicos, la caída de tensión resultante puede acercarse a los dos voltios.
En un sistema que trabaja nominalmente a 12 V, perder dos voltios en el cable significa que el dispositivo recibe apenas diez voltios. En muchos equipos esto puede generar un funcionamiento errático: cerraduras que abren con dificultad, sensores que se vuelven inestables o equipos que funcionan correctamente solo en determinados momentos. El problema suele agravarse con el paso del tiempo o cuando el consumo del dispositivo aumenta momentáneamente, como ocurre con una cámara que en la oscuridad enciende la iluminación infrarroja.
A este fenómeno se suma otro aspecto menos evidente: el efecto de la temperatura sobre la resistencia del conductor. La resistividad del cobre aumenta a medida que la temperatura se eleva. En cables diseñados para transmisión de datos, donde las corrientes son extremadamente pequeñas, este efecto es prácticamente irrelevante. Pero cuando el cable comienza a transportar corriente de alimentación, incluso moderada, el calentamiento del conductor y del aislamiento puede incrementar la resistencia eléctrica y aumentar todavía más la caída de tensión. En recorridos largos o en instalaciones donde varios pares transportan corriente simultáneamente, esta situación puede volverse significativa.
Otro factor que muchas veces pasa desapercibido es el tipo de aislamiento utilizado en el cable. Los cables UTP suelen emplear polietileno de alta densidad como material dieléctrico alrededor del conductor. Este material tiene excelentes propiedades eléctricas para la transmisión de señales de alta frecuencia, ya que presenta baja capacitancia y pérdidas dieléctricas reducidas. Sin embargo, no está optimizado para disipar calor producido por corrientes eléctricas continuas. En cables diseñados específicamente para alimentación o control, el aislamiento suele contemplar mejor la evacuación térmica y la posibilidad de transportar corrientes mayores sin deterioro.
El propio diseño del par trenzado introduce además una característica particular: los conductores permanecen muy próximos entre sí a lo largo de todo el recorrido. Esta proximidad mejora las propiedades de transmisión de datos, pero no favorece la disipación de calor cuando ambos conductores transportan corriente. En cables diseñados para potencia o control, los conductores suelen disponerse de forma diferente, permitiendo una distribución térmica más favorable.
En la práctica, todo esto significa que el uso de cable UTP para alimentar dispositivos de un sistema de seguridad puede funcionar en determinadas condiciones, especialmente cuando las corrientes son muy pequeñas y las distancias cortas. Por ejemplo, muchos sensores de alarma consumen apenas unos pocos miliamperios y en esos casos el cable UTP puede desempeñarse sin inconvenientes. Sin embargo, cuando el consumo comienza a aumentar o las distancias se vuelven más largas, aparecen rápidamente los efectos de la caída de tensión y de la resistencia del conductor.
Un problema adicional que se observa con frecuencia en instalaciones modernas es el uso de cables UTP fabricados con conductores CCA (Copper Clad Aluminum). En estos cables el conductor está compuesto por un núcleo de aluminio recubierto por una fina capa de cobre. Aunque externamente el cable parece similar a uno de cobre puro, su resistencia eléctrica es considerablemente mayor. Esto implica que la caída de tensión para una misma distancia y corriente puede ser mucho más elevada. En aplicaciones de datos esto suele pasar desapercibido, pero cuando se utiliza el cable para alimentación el problema se vuelve evidente.
Por estas razones, el criterio correcto al seleccionar un cable para una instalación no debería basarse únicamente en el diámetro visible del conductor. Cada tipo de cable está diseñado para cumplir una función específica y sus características constructivas responden a ese objetivo. Un cable UTP es excelente para transmitir datos a alta velocidad y con baja interferencia, pero no fue concebido como un cable de distribución de energía.
En instalaciones de alarma o de control, donde a menudo se requiere transportar corriente hacia dispositivos remotos, resulta más apropiado utilizar cables específicamente diseñados para ese propósito. Estos cables consideran no solo la sección del conductor, sino también el tipo de aislamiento, la disipación térmica y las condiciones reales de trabajo del sistema.
Comprender estas diferencias permite evitar problemas que muchas veces se atribuyen erróneamente a fallas de equipos o a defectos de instalación. En realidad, en muchos casos el origen del problema se encuentra simplemente en la elección incorrecta del cable utilizado para alimentar los dispositivos del sistema.

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